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En Coria, como en
otras muchas ciudades y pueblos que jalonan nuestra geografía
peninsular, se siente un importante fervor por las festividades
taurinas; y que en el caso particular de esta localidad, hierve, cada 23
al 29 de junio, en la celebración de sus tradicionales “Sanjuanes”:
Fiesta de Interés Turístico de contrastada solera y raigambre histórica
que tiene, en los toros, su mejor expresión popular.
Un espectáculo, arraigadamente nuestro, que permite dar a conocer
nuestra hospitalidad, explicar nuestras reacciones y maneras de entender
la lidia de los toros, hasta convertirse en las señas de identidad de un
pueblo que nació en la historia hace milenios y que suspira y se
desvive, año tras año, por sus taurinas fiestas.
Sin embargo, a pesar de la longeva tradición histórica que poseen los
Toros de San Juan en Coria, resulta complicado y tremendamente difícil
remontarse a los orígenes ancestrales de la Fiesta. La escasa y escueta
documentación conservada en archivos y bibliotecas, públicos y privados,
nos revelan testimonios y datos que, aunque esclarecedores sobre el
tema, no aportan la suficiente luz a un bosquejo temático con muchas
lagunas y sombras.
Los primeros documentos que hacen referencia sobre las celebraciones o
fiestas regladas de toros en Coria se remontan a la concesión del Fuero
de la Ciudad a principios del siglo XIII.
Sin embargo, la mayoría de los legajos que recogen ciertas curiosidades,
renuncias, excepciones y la propia organización de las Fiestas proceden
del legado Archivístico Municipal, en cuyos Libros de Actas
Consistoriales de los siglos XVI al XVIII aparecen testificaciones que
nos relatan testimonios sobre el número de toros que debían lidiarse; la
elección de los Alfereces Mayores encargados de la organización de los
festejos (derivación posterior de los actuales Abanderados de las
Fiestas); del reparto de dulces, limonadas y garrochas entre la
población Cauriense (ahora convertido en la tradicional entrega de
perrunillas, floretas, ponche y gaspacho con que los Abanderados
agasajan a vecinos y turistas); de la ubicación y lidia de los festejos
(Plaza Mayor y recinto intramuros del Casco Histórico Artístico de
Coria); de la responsabilidad institucional y costeo por parte del
Consistorio local del establecimiento de los festejos; del aporte y
compra de toros por parte de algunos gremios o arrendatarios de la
ciudad, caso de los abaceros, taberneros y carniceros; de la reseña de
los días festivos en los que se podían lidiar toros (vísperas de Pascua,
Corpus Christi y San Juan); etc..
De igual modo, no dejan de ser curiosas las evidencias recogidas en los
expedientes de las Actas Capitulares, Libros de Visitas Pastorales y
Constituciones Sinodales guardados celosamente en el Archivo Capitular
de la Santa Iglesia Catedral de Coria, que nos hablan de la prohibición
de correr toros en la Ciudad todos los domingos y días festivos del año.
Sin embargo, fue la Casa de Alba quien tuvo una participación estelar en
la celebración de los espectáculos taurinos durante los años que ostentó
el título de marquesado de la Ciudad.
En los Archivos Ducales asentados en el Palacio de Liria de Madrid, se
recogen importantes datos a cerca de la festividad de los Sanjuanes y de
la organización de corridas y festejos taurinos por parte de los Señores
Duques de Alba y Marqueses de Coria. Fiestas que, por otra parte, eran
muy usuales en las villas de su propiedad como ceremonias conmemorativas
tras la concesión de títulos, conquistas territoriales, visitas de los
reyes y personajes ilustres, etc.
La sangre, el valor y la emoción estuvieron pues, durante la dilatada
Historia de los Sanjuanes, amalgamadas en sus ritualizadas ceremonias;
donde el pueblo disfrutaba correteando los toros por campos, calles y
plazuelas haciendo alarde de su destreza varonil frente a las
enamoradizas damas.
Pero pronto surgirán las primeras voces de protestas contra la Fiesta.
Mas, ni las excomuniones de los papas, ni las reprobaciones de los
teólogos y moralistas sirvieron para desarraigar la tradición, ni la
afición, de los atrevidos corianos.
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