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La tarde prosigue su lento y silencioso
decaimiento. Hacia el ocaso radiante camina, entre brumosas nubes de
fuego, el astro sol. Y, tras las murallas viejas, después que los
abanderados y “asombrerados” hayan impuesto al Santo las distintivas
insignias de las pioneras peñas a las que representan: “Junta de Defensa
del Toro de San Juan”, “Juventud Cauriense”, “El 27”..., la fiesta
retoma su aspecto religioso.
Desde la vetusta Iglesia Parroquial de Santiago Apóstol son sacadas, en
solemne procesión, las andas con la efigie de “San Juan Bautista” por
una concurrencia devota que recorre, con cantos populares, las
principales calles del casco antiguo de Coria. Vecinos y visitantes que
se encomiendan al capotillo salvador del patrono para que les proteja o
salvaguarde a los suyos de las posibles embestidas de los toros.
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