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Siete intensos días llenos de emoción y
de fiesta que ven poner su epílogo con la espectacular quema de fuegos
artificiales que iluminan, con estruendo, el abierto cielo de la noche
cauriense sobre las remansadas aguas del río Alagón que plácidamente
fluyen corriente abajo buscando su descanso. Un sosiego que buscará
también la Ciudad quedando dormida, sumida en un profundo letargo
durante doce largos meses permaneciendo únicamente el recuerdo de los
lances y las anécdotas vividas, en los comentarios de quienes vivieron
la fiesta de cerca, en las cámaras y vídeos de aficionados y
profesionales, y en los imborrables sueños de aquellos que evocan las
sombras sobre las que ven recortarse la silueta del toro correteando por
las penumbrosas y estrechas calles del Casco Histórico de Coria que
quedaron amalgamadas, para siempre, en sus sobrecogidas retinas de
mirada aventurera.
Y para aquellos lectores que quieran visitarnos a la entrada del
solsticio de verano y disfrutar con nosotros de nuestras incomparables
FIESTAS DE SAN JUAN, que la luna de Coria os colme de alegría, de luz y
de riquezas en esa noche mágica de mitos, amores, tradición y leyendas.
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